L’alçament militar del 18 de juliol, per Ismael Roig

Ismael Roig Soler, any 1939.

Anys després es coneixeria com a Glorioso Movimiento Nacional el colp d’Estat que un grup de militars facciosos iniciaren al Marroc tal dia com el d’avui, un 18 de juliol però de l’any 1936. Aquest alçament militar contra el govern legítim de la República, imaginat, entre altres, pel general Mola, es va dur a terme amb la col·laboració d’alguns diputats de la CEDA. No obstant això, el cop va estar mal planejat i, sobretot, no va comptar amb la resistència popular. Els partits d’esquerra i sindicats, amb l’ajuda de la Guàrdia d’Assalt i alguns sectors de la Guàrdia Civil i de l’exèrcit, restaren fidels a la Segona República Espanyola. A més, es van organitzar en milícies populars i derrotaren els revoltats en algunes zones, la qual cosa féu fracassar el colp militar i propicià l’inici de la Guerra Civil espanyola.

A Carcaixent es rebé la noticia amb molta expectació i es creà una delegació que es reuní a València, a fi de rebre indicacions per part dels dirigents polítics i sindicals valencians. Ismael Roig va ser un d’aquells carcaixentins que va formar part d’aquella comissió. Al seu llibre conta com va viure aquell dia que, sense dubte, es convertí en una data que escriuria un nou esdevenir que ocuparia les pàgines més fosques de la nostra història:

«Era el 18 de julio de 1936. Como cada día, me había levantado a las siete de la mañana y después de asearme y desayunar, me fui al trabajo con el bocadillo del almuerzo bajo el brazo. De mi casa al lugar de trabajo había una distancia de 250 o 300 metros; en diez minutos llegaba al trabajo. Aquel día, a la entrada de la imprenta estaba el patrón y los demás compañeros de trabajo formando un grupo a la puerta. Después de saludarlos pregunté qué pasaba, porque se veía mucha gente delante del Ayuntamiento, lugar donde acudían los campesinos cada día para ver si los contrataban. Como nadie me dio explicación, dejé mi bocadillo allí y fui a ver qué ocurría, diciendo que volvía enseguida. Cuando llegué a la plaza pregunté qué pasaba y por qué la gente no había ido a trabajar. Según me comentaron, alguien había oído en la radio que los militares se habían sublevado en Marruecos y espontáneamente se había corrido la consigna de no ir a trabajar. ¿Estábamos de nuevo en huelga?

Busqué entre el gentío a algunos compañeros militantes y decidimos que debíamos reunirnos en nuestro local, también muy cercano, para analizar qué actitud debíamos adoptar ante esa noticia. Así, un grupo de unos quince o veinte nos reunimos y determinamos nombrar una comisión que inmediatamente se trasladara a València y visitara a los responsables del Partido Socialista, del Comunista y de la CNT, con el fin de recabar información para ver qué debíamos hacer. Fuimos nombrados tres: un joven comunista, un campesino, oficialmente de la UGT, y yo por la CNT. Alquilamos un taxi y partimos hacia la capital.

A las diez de la mañana estábamos en los locales del Partido Socialista donde nos reunimos con Martínez Amutio, una de las figuras principales del socialismo valenciano. Recibió una gran sorpresa cuando le comunicamos el acontecimiento ya que no sabía nada de aquello. Nos fuimos luego a ver al secretario del Partido Comunista, que creo que se llamaba Estruch, y tampoco sabía nada, siendo la primera noticia que recibía. De allí nos trasladamos al puerto, que era donde estaban los locales del Sindicato del Transporte de la CNT y el conserje nos dijo que como era sábado no había ningún dirigente por allí y lo más conveniente era que nos dirigiéramos a los locales del Sindicato del Agua, Gas y Electricidad, que estaba en el centro de València, pues allí era más probable que encontráramos a algún compañero. Así lo hicimos y encontramos allí a Paco Gómez, destacado militante que, como los anteriores, desconocía lo que estaba ocurriendo. Por teléfono hizo dos o tres llamadas y a los quince o veinte minutos apareció Domingo Torres, Domingo Martínez y Juan López, destacados anarcosindicalistas. Nosotros estábamos sorprendidos del desconocimiento por parte de todos, pero no resultaba tan raro ya que la noticia fue oída de madrugada y la gente estaba durmiendo. A cada uno de los visitados les informamos de la actitud tomada por los trabajadores de Carcaixent y les pedíamos que se pusieran en contacto con el Gobernador Civil o con cualquier clase de autoridad para ver si podíamos conocer algo más amplio. En efecto, los teléfonos empezaron a moverse por parte de todos recabando información y, a medida que se iba entablando contacto, ratificábamos lo que ya conocíamos desde primera hora de la mañana. La radio y los diarios de la mañana iban expandiendo la noticia. Podríamos decir que en València, a primeras horas de la tarde, era cuando se generalizaba el conocimiento de la sublevación de Marruecos. Nuestra misión en València era ver la posibilidad de que nos entregaran alguna arma, por si era necesario hacer frente a alguna acción que solo podía venir de la Guardia Civil, puesto que la Guardia Urbana, controlada por el Ayuntamiento republicano, no ofrecía ningún peligro.

Quedamos desolados los tres delegados al comprobar que las autoridades civiles y los dirigentes de las organizaciones políticas y sindicales de València, sabían menos que nosotros. De todas formas, cuando salios de la capital, sobre las tres de la tarde, había cambiado el panorama y todo el mundo se movía aceleradamente, concertando reuniones y contactos para tratar de establecer medidas concretas y lo más unificadas posible para hacer frente a lo que pudiera ocurrir.

Cuando salimos de Carcaixent en dirección a València, pensando que pudiéramos regresar con armas, acordamos con los demás reunirnos en un lugar distante del pueblo para que el reencuentro fuera lo más secreto posible. En el lugar convenido, cerca del cruce con la carretera que va de Alzira a la Barraca d’Aigües Vives, siete u ocho compañeros agazapados entre los naranjos, esperaban ansiosos nuestra llegada esperando el «maná» que creían que íbamos a traer. Si nuestra decepción en València fue grande, la de ellos fue todavía mayor, ya que las noticias que traíamos no eran nada agradables. Sólo nos quedaba el consuelo de haber sido los que habíamos despertado a los antifascistas valencianos al conocimiento de la realidad. Posiblemente sin pensarlo, debimos ser los primeros que nos declaramos beligerantes frente al alzamiento en las primeras horas del 18 de julio.»

 

 

Bibliografia:

ROIG SOLER, Ismael – Así luchábamos / República, guerra clandestinidad y exilio de un anarcosindicalista, 7 i mig Editorial, col·lecció collita, Alzira 1993.

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